La deja consumirse de amor, de sed, de desesperación..., y no le dice:

—«¡Generoso corazón, ensánchate! ¡Toma mi alma, que vale menos que la tuya!»

Así se pasan los días de la juventud de la fea.

¡Cuántas quimeras habrá forjado en su imaginación!

¡De cuántos hombres se habrá enamorado!

¡Cuántas veces se habrá consentido!

¡Cuántas otras habrá querido morir!

—«¡Doquier hay amor, goces, casamientos, hijos!... (habrá exclamado, loca de dolor). ¡Para mí, nada!»

Y luego las novelas... ¡las novelas!

Vedla hecha una poetisa.—Pero ¡qué poetisa!—Vedla sí, envenenada, mordaz, perversa, diabólica, esgrimir una pluma y una lengua comparables á dos aguijones.