—Rezando estaba por su alma...—contestó la madre.—¡Aunque ya ves que el primer saludo de nuestro enfermo nos ha dejado mucho que desear!

—Me sé de memoria—profirió con lentitud el Capitán, sin abrir los ojos—el Escalafón del Estado Mayor General del Ejército español, inserto en la Guía de Forasteros,[87] y en él no figura, ni ha figurado en este siglo ningún general Barbastro.

—¡Le diré a usted!... exclamó vivamente la viuda.—Mi difunto marido...

—No le contestes ahora mamá,—interrumpió la joven, sonriéndose.—Está delirando, y hay que tener cuidado con su pobre cabeza. ¡Recuerda los encargos del doctor Sánchez!

El Capitán abrió sus hermosos ojos; miró a Angustias muy fijamente, y volvió a cerrarlos, diciendo con mayor lentitud:

—¡Yo no deliro nunca, señorita! ¡Lo que pasa es que digo siempre la verdad a todo el mundo, caiga que caiga![88]

Y dicho esto, sílaba por sílaba, suspiró profundamente, como muy fatigado de haber hablado tanto, y comenzó a roncar de un modo sordo, cual si agonizase.

—¿Duerme usted, Capitán?—le preguntó muy alarmada la viuda. El herido no respondió.

IX

MÁS INCONVENIENTES DE LA "GUÍA DE FORASTEROS"