—¡Mi madre ha muerto!—exclamó Angustias, cayendo de rodillas[250] junto al sillón del Capitán.
—¡Pobre hija mía! ¡Llora[251] conmigo cuanto quieras!—respondió D. Jorge, atrayendo hacia su corazón la cabeza de la pobre huérfana, y acariciándole el pelo[252] con la otra mano.—¡Llora con el que no había llorado nunca, hasta hoy, que llora por ti... y por ella!...
Era tan extraordinaria y prodigiosa aquella emoción en un hombre como el Capitán Veneno, que Angustias, en medio de su horrible desgracia, no pudo menos de significarle aprecio, y gratitud, poniéndole una mano sobre el corazón...[253]
Angustias no pudo menos de significarle aprecio, y gratitud, poniéndole una mano sobre el corazón
Y así estuvieron abrazados algunos instantes aquellos dos seres que la felicidad nunca hubiera hecho amigos.
PARTE CUARTA
DE POTENCIA A POTENCIA[254]
I
DE CÓMO EL CAPITÁN LLEGÓ A HABLAR SOLO