—¡Conque es ley de Dios que yo no pueda mantener a quien quiero!
—Lo es, señor Capitán, en el mero hecho de estar la sociedad dividida en familias...
—¡Yo no tengo familia, y, por consiguiente, puedo disponer libremente de mi dinero!
—Pero yo no debo aceptarlo. La hija de un hombre de bien que se apellidaba Barbastro, y de una mujer de bien que se apellidaba Carrillo, no puede vivir a expensas de un cualquiera...
—¡Luego yo soy para usted un cualquiera!...
—Y un cualquiera de los peores... para el caso de que se trata, supuesto que es usted soltero, todavía joven, y nada santo...[300] de reputación.
—¡Mire usted, señorita!—exclamó resueltamente el Capitán, después de breve pausa, como quien va a epilogar y resumir una intrincada controversia.—La noche que ayudé a bien morir a su madre de usted le dije honradamente y con mi franqueza habitual (para que aquella buena señora no se muriese en un error, sino a sabiendas[301] de lo que pasaba), que yo, el Capitán Veneno, pasaría por todo en este mundo, menos por tener mujer e hijos.—¿Lo quiere usted más claro?
—¿Y a mí qué me cuenta usted?—respondió Angustias con tanta dignidad como gracia.—¿Cree usted, por ventura, que yo le estoy pidiendo indirectamente su blanca mano?[302]
—¡No, señora!—se apresuró a contestar D. Jorge, ruborizándose hasta lo blanco de los ojos.—¡La conozco a usted demasiado para suponer tal majadería!—Además, ya hemos visto que usted desprecia novios millonarios, como el abogado de la famosa carta...—¿Qué digo? La propia doña Teresa me dio la misma contestación que usted, cuando le revelé mi inquebrantable[303] propósito de no casarme nunca... Pero yo le hablo a usted de esto para que no extrañe ni[304] lleve a mal el que, estimándola a usted como la estimo, y queriéndola como la quiero... (¡porque yo la quiero a usted muchísimo más de lo que se figura!), no corte por lo sano y diga: "¡Basta de requilorios, hija del alma! ¡Casémonos, y aquí paz y después gloria!"
—¡Es que no bastaría que usted lo dijese!...—contestó la joven con heroica frialdad.—Sería menester que usted me gustara.