Pasamos a otra parroquia.
Cinco tiene la villa: a la cuarta que visitamos halló el escribano esta partida de sepelio:
«En la Iglesia parroquial de San... de la villa de *** a 4 de mayo de 1843, se hicieron los oficios de funeral, conformes a entierro mayor en el cementerio común, a Don Alfonso Gutiérrez del Romeral, natural y vecino que fue de esta población, el cual no recibió los Santos Sacramentos ni testó, por haber muerto de apoplejía fulminante en la noche anterior, a la edad de treinta y un años. Estuvo casado con doña Gabriela Zahara del Valle, natural de Madrid y no deja hijos. Y para que conste, etc.»
Tomó Zarco un certificado de esta partida autorizado por el cura, y regresamos a nuestra casa.
Por el camino me dijo el juez:
—Todo lo veo claro. Antes de ocho días habrá terminado este proceso que tan oscuro se presentaba hace dos horas. Ahí llevamos una apoplejía fulminante de hierro que tiene cabeza y punta, y que dio muerte repentina, a un D. Alfonso Gutiérrez del Romeral. Es decir: tenemos el clavo... Ahora solo me falta encontrar el martillo.
VIII
Declaraciones.
Un vecino dijo:
—Que D. Alfonso Gutiérrez del Romeral, joven y rico propietario de aquella población, residió algunos años en Madrid, de donde volvió en 1840, casado con una bellísima señora llamada doña Gabriela Zahara: