A pesar de las esperanzas de mi amigo Zarco, Gabriela Zahara no apareció.
Exhortos, requisitorias, todo fue inútil.
Pasaron tres meses.
La causa se sentenció en rebeldía.
Yo abandoné la villa de *** no sin prometerle a Zarco volver al año siguiente.
X
Un dúo en MI mayor.
Aquel invierno lo pasé en Granada.
Érase una noche en que había gran baile en casa de la riquísima señora de X... la cual había tenido la bondad de convidarme a la fiesta.
A poco de llegar a aquella magnífica morada, donde estaban reunidas todas las célebres hermosuras de la aristocracia granadina, reparé en una bellísima mujer cuyo rostro habría distinguido entre mil otros semejantes, suponiendo que Dios hubiese formado alguno que se le pareciera.