—¡Ah! ¡Si supieras!... ¡Si supieras, amigo mío!
—¡Nada sé! —respondí—. ¿Qué te ha pasado?
—¡Ya soy dichoso! ¡Ya soy el más feliz de los hombres!
—Pues ¿qué ocurre?
—La esquela en que me llamaban a la fonda...
—Continúa.
—¡Era de ella!
—¿De quién? ¿De Gabriela Zahara?
—¡Quita allá, hombre! ¿Quién piensa ahora en desventuras? ¡Era de ella! ¡De la otra!
—¿Pero quién es la otra?