Y se deslió la faja, de cuya punta sacó un puñado de monedas de oro.

El público lanzó un rugido de aprobacion.

El avaro vaciló un momento...—Notáronlo todos, y comenzaron á mirarse y á sonreir maliciosamente.

—¡Ciento diez por que no baile!—exclamó al fin el pobre D. Elías.

—¡Aprieta, Manuel! ¡que yo te ayudo!—exclamaron algunos mozos de medio pelo.

—¡Aprieta, hijo, y cuenta con mi paga de este mes! (añadió un capitan retirado, cubierto de canas.) ¡Yo me batí en Talavera al lado de tu padre!

Manuel sonrió tranquilamente, y repuso, sacando otro puñado de oro:

—¡Quinientos duros por que baile conmigo!

—¡Bien! ¡Bien!—gritó casi todo el concurso.

¡Y hasta se oyeron palmadas, y vivas al Niño de la Bola!...