—¡Y tambien habrá que ir pasado mañana á la Rifa! (continuó implacablemente la madrileña.) El Niño de la Bola no podrá ménos de presentarse en aquel sitio á cumplir su juramento de bailar con la Dolorosa...—¡Deseando estoy conocerlos á los dos!

—Cuente usted con palco principal, ó sea con la cueva del Mayordomo de la Cofradía,—repuso D. Trajano, saludando á la prima del Marqués.

Y, como en aquel momento diese las once el reloj de música que habia en el recibimiento, la tertulia se levantó en masa, despidiéndose todos hasta la tarde siguiente, en la Procesion; con lo que la forastera se retiró á su cuarto, á soñar con no sé qué prestamistas de Madrid; Pepito se fué á su desvan, á componer versos eróticos á la forastera; los tertulios innominados y mudos se marcharon á descansar del trabajo de haber nacido, y el elocuente señor de Mirabel cayó bajo el brazo secular de su esposa.

Descansemos nosotros tambien el resto de la noche, poniendo para ello fin al Libro Tercero; pues la gravedad de los sucesos que ocurrieron al otro dia y en el subsiguiente exige que, ántes de relatarlos, demos tregua á la pluma, paz á la imaginacion, y algun reposo á la natural zozobra del que leyere.


LIBRO IV.

LA BATALLA.


I.

EL CUARTEL GENERAL DE VITRIOLO.