Á todo esto, penetraba ya nuestro protagonista en lo más concurrido de la calle, ó sea en el trozo de ella que habia de recorrer la Procesion (la cual se dirigiria luégo por una calle transversal en busca de cierta antigua mezquita, á la sazon Ayuda de Parroquia, donde tendria término la fiesta)...
Las mujeres más presumidas echaban todo el cuerpo fuera del balcon para verlo pasar...—Pero él no habia levantado la cabeza ni una sola vez...—Indudablemente no sabía, ni podia ocurrírsele, que Soledad hubiese ido á la Procesion...; que estuviese algunos pasos más allá...; ¡que pronto la veria, despues de ocho años de ausencia, no separados ya sus corazones por las olas del Océano, sino por otro abismo más profundo!
El airado Venegas miraba únicamente á la calle, á los hombres, buscando á aquel Antonio Arregui á quien no conocia, pero á quien juzgaba obligado á hacerle frente, á presentarse en aquella palestra, á concurrir al duelo solemne y público para que habia sido emplazado ocho años ántes en términos generales y colectivos, y cuya citacion le fué notificada personalmente por todo el pueblo el dia que se atrevió á casarse con la Dolorosa.—Manuel iba allí como mantenedor de aquel desafío... ¡Caso de honra era para el amenazado consorte acudir á la demanda, no ocultarse, no obligar al provocador á ir á buscarlo en su escondite!
Entiéndase bien que nada de esto lo decimos nosotros: el público y el propio Manuel eran los que discurrian así aquella tarde.—Por lo demas, todos seguian parando y saludando al intrépido jóven, sin atreverse á tocar las heridas de su corazon, pero aventurándose ya á dirigirle preguntas asaz impertinentes...
—¿Conque vienes tan rico?—habíale (por ejemplo) interrogado alguno.
Manuel sonrió desdeñosamente y no se dignó contestar.
Entónces le habló de usted la misma persona, preguntándole:
—¿Y viene usted por mucho tiempo?
—¡No sé!—contestó el desgraciado, volviéndole la espalda.
Algunas personas graves y de posicion incurrieron tambien en la debilidad de acercársele, á curiosear en su dolor, en su desesperacion y hasta en su bolsillo...