Más que estas frases, la circunstancia de haber sido
dichas en voz baja, afectando complicidad y secreto,
produjo un efecto maravilloso.
—¡Picara! ¡Proterva!—balbuceó Don Eugenio de 40-15
Zúñiga con la boca hecha un agua, pero gruñendo
todavía...
—¿Me guardará Usía rencor?—replicó la navarra
zalameramente.
Viendo el Corregidor que la severidad le daba buenos 40-20
resultados, intentó mirar a la señá Frasquita con mucha
rabia; pero se encontró con su tentadora risa y sus
divinos ojos, en los cuales brillaba la caricia de una
súplica, y, derritiéndosele la gacha en el acto, le dijo
con un acento baboso y sibilante, en que se descubría 40-25
más que nunca la ausencia total de dientes y muelas:
—¡De ti depende, amor mío!
En aquel momento se descolgó de la parra el tío
Lucas.
DIEZMOS Y PRIMICIAS
Repuesto el Corregidor en su silla, la Molinera dirigió
una rápida mirada a su esposo, y viole, no sólo tan
sosegado como siempre, sino reventando de ganas de
reír por resultas de aquella ocurrencia: cambió con él
desde lejos un beso tirado, aprovechando el primer 41-5
descuido de Don Eugenio, y díjole, en fin, a éste con
una voz de sirena que le hubiera envidiado Cleopatra:
—¡Ahora va Su Señoría a probar mis uvas!