Entonces fue de ver a la hermosa navarra (y así la
pintaría yo, si tuviese el pincel de Ticiano), plantada 41-10
enfrente del embelesado Corregidor, fresca, magnífica,
incitante, con sus nobles formas, con su angosto vestido,
con su elevada estatura, con sus desnudos brazos
levantados sobre la cabeza, y con un transparente racimo
en cada mano, diciéndole, entre una sonrisa irresistible 41-15
y una mirada suplicante en que titilaba el miedo:
—Todavía no las ha probado el señor Obispo...
Son las primeras que se cogen este año...
Parecía una gigantesca Pomona, brindando frutos a
un dios campestre;—a un sátiro, v. gr. 41-20
En esto apareció al extremo de la plazoleta empedrada
el venerable Obispo de la diócesis, acompañado del
Abogado Académico y de dos Canónigos de avanzada
edad, y seguido de su Secretario, de dos familiares y de
dos pajes. 41-25
Detúvose un rato Su Ilustrísima a contemplar aquel
cuadro tan cómico y tan bello, hasta que, por último,
dijo, con el reposado acento propio de los prelados de
entonces:
—El Quinto... pagar diezmos y primicias a la iglesia 42-5
de Dios, nos enseña la doctrina cristiana; pero V., señor
Corregidor, no se contenta con administrar el diezmo,
sino que también trata de comerse las primicias.
—¡El señor Obispo!—exclamaron los Molineros,
dejando al Corregidor y corriendo a besar el anillo al 42-10
Prelado.
—¡Dios se lo pague a Su Ilustrísima, por venir a
honrar esta pobre choza!—dijo el tío Lucas, besando
el primero, y con acento de muy sincera veneración.
—¡Qué señor Obispo tengo tan hermoso! (exclamó 42-15
la señá Frasquita, besando después). ¡Dios lo bendiga
y me lo conserve más años que le conservó el suyo a
mi Lucas!
—¡No sé qué falta puedo hacerte, cuando tú me
echas las bendiciones, en vez de pedírmelas!—contestó 42-20
riéndose el bondadoso Pastor.