El Secretario contempló también la uva; hizo un
gesto de cortesana admiración, y la entregó a uno de
los familiares. 43-25
El familiar repitió la acción del Obispo y el gesto del
Secretario, propasándose hasta oler la uva, y luego...
la colocó en la cesta con escrupuloso cuidado, no sin
decir en voz baja a la concurrencia:
—Su Ilustrísima ayuna... 43-30
El tío Lucas, que había seguido la uva con la vista,
la cogió entonces disimuladamente, y se la comió sin
que nadie lo viera.
Después de esto, sentáronse todos: hablose de la
otoñada (que seguía siendo muy seca, no obstante haber 44-5
pasado el cordonazo de San Francisco); discurriose
algo sobre la probabilidad de una nueva guerra entre
Napoleón y el Austria: insistiose en la creencia de que
las tropas imperiales no invadirían nunca el territorio
español; quejose el Abogado de lo revuelto y calamitoso 44-10
de aquella época, envidiando los tranquilos tiempos de
sus padres (como sus padres habrían envidiado los de
sus abuelos); dio las cinco el loro..., y a una seña
del reverendo Obispo, el menor de los pajes fue al coche
episcopal (que se había quedado en la misma ramblilla 44-15
que el Alguacil), y volvió con una magnífica torta sobada,
de pan de aceite, polvoreada de sal, que apenas
haría una hora había salido del horno: colocose una
mesilla en medio del concurso; descuartizose la torta;
se dio su parte correspondiente, sin embargo de que se 44-20
resistieron mucho, al tío Lucas y a la señá Frasquita...,
y una igualdad verdaderamente democrática reinó durante
media hora bajo aquellos pámpanos que filtraban
los últimos resplandores del sol poniente...
XIII.
Le dijo el grajo al cuervo.
Hora y media después todos los ilustres compañeros
de merienda estaban de vuelta en la
ciudad. El señor obispo y su familia habían
llegado con bastante anticipación, gracias al coche, 45-5
y hallábanse ya en palacio, donde los dejaremos
rezando sus devociones.
El insigne abogado, que era muy seco, y los
dos canónigos, a cual más grueso y respetable,
acompañaron al Corregidor hasta la puerta del 45-10
ayuntamiento, donde su señoría dijo tener que
trabajar, y tomaron luego el camino de sus respectivas
casas, guiándose por las estrellas como
los navegantes, o sorteando a tientas las esquinas
como los ciegos: pues ya había cerrado la 45-15
noche; aun no había salido la luna, y el alumbrado
público, lo mismo que las demás luces de
este siglo, todavía estaba allí en la mente divina.
En cambio, no era raro ver discurrir por
algunas calles tal o cual linterna o farolillo con 45-20
que respetuoso servidor alumbraba a sus magníficos
amos, quienes se dirigían a la habitual
tertulia o de visita a casa de sus parientes...