—¡Es claro!—replicó el magistral.—Pero hablemos
de otra cosa: ¡qué guapa estaba esta tarde
la señá Frasquita! 46-30

—¡Oh, lo que es eso... como guapa, es guapa!—dijo
el abogado, afectando imparcialidad.

—Muy guapa... repitió el penitenciario dentro
del embozo.

—Y si no,—añadió el predicador de oficio,—que 46-35
se lo pregunten al Corregidor...

—¡El pobre hombre está enamorado de ella!...

—¡Ya lo creo!—exclamó el Confesor de la catedral.

—¡De seguro! (agregó el Académico... correspondiente).—Conque,
señores, yo tomo por aquí para
llegar antes a casa... ¡Muy buenas noches! 47-5

—Buenas noches...—le contestaron los Capitulares.

Y anduvieron algunos pasos en silencio.

—¡También le gusta a ese la Molinera!—murmuró
entonces el Magistral, dándole con el codo al
Penitenciario. 47-10