Y señalaba a un velón de Lucena, que apenas si
esclarecía la octava parte del salón.

—¡No estoy yo tan seguro como tú, Garduña!—contestó
D. Eugenio, suspirando lánguidamente.

—¡Pues no sé por qué!—Y, si no, hablemos con 48-15
franqueza.—Usía... (dicho sea con perdón) tiene
una tacha en su cuerpo... ¿No es verdad?

—¡Bien, sí! (repuso el Corregidor). Pero esa tacha
la tiene también el tío Lucas. ¡Él es más jorobado
que yo! 48-20

—¡Mucho más! ¡muchísimo más! ¡sin comparación
de ninguna especie!—Pero en cambio (y es a lo que
iba), Usía tiene una cara de muy buen ver..., lo que
se llama una bella cara..., mientras que el tío Lucas
se parece al sargento Utrera, que reventó de feo. 48-25

El Corregidor sonrió con cierta ufanía.

—Además (prosiguió el Alguacil), la señá Frasquita
es capaz de tirarse por una ventana con tal de agarrar
el nombramiento de su sobrino...

—Hasta ahí estamos de acuerdo. ¡Ese nombramiento 49-5
es mi única esperanza!

—¡Pues manos a la obra, señor! Ya le he explicado
a Usía mi plan... ¡No hay más que ponerlo en ejecución
esta misma noche!

—¡Te he dicho muchas veces que no necesito consejos!—gritó 49-10
D. Eugenio, acordándose de pronto de que
hablaba con un inferior.