—Creí que Usía me los había pedido...—balbuceó
Garduña.
—¡No me repliques! 49-15
Garduña saludó.
—¿Conque decías (prosiguió el de Zúñiga, volviendo
a amansarse) que esta misma noche puede arreglarse
todo eso?—Pues ¡mira, hijo! me parece bien.—¡Qué
diablos! ¡Así saldré pronto de esta cruel incertidumbre! 49-20
Garduña guardó silencio.
El Corregidor se dirigió al bufete y escribió algunas
líneas en un pliego de papel sellado, que selló también
por su parte, guardándoselo luego en la faltriquera.
—¡Ya está hecho el nombramiento del sobrino! 49-25
(dijo entonces, tomando un polvo de rapé). ¡Mañana
me las compondré yo con los Regidores..., y, o lo
ratifican con un acuerdo, o habrá la de San Quintín!—¿No
te parece que hago bien?
—¡Eso! ¡eso! (exclamó Garduña entusiasmado, 49-30
metiendo la zarpa en la caja del Corregidor y arrebatándole
un polvo). ¡Eso! ¡eso! El antecesor de Usía
no se paraba tampoco en barras. Cierta vez...
—¡Déjate de bachillerías! (repuso el Corregidor,
sacudiéndole una guantada en la ratera mano).—Mi 50-5
antecesor era un bestia, cuando te tuvo de alguacil.—Pero
vamos a lo que importa. Acabas de decirme que
el molino del tío Lucas pertenece al término del lugarcillo
inmediato, y no al de esta población... ¿Estás
seguro de ello? 50-10
—¡Segurísimo! La jurisdicción de la ciudad acaba
en la ramblilla donde yo me senté esta tarde a esperar
que Vuestra Señoría... ¡Voto a Lucifer! ¡Si yo hubiera
estado en su caso!