—¡Arriba! ¡Arriba!

Y empezó a subir la escalera, andando a gatas con 71-30
una mano, llevando el trabuco en la otra, y con el papel
infame entre los dientes.

En corroboración de sus lógicas sospechas, al llegar
a la puerta del dormitorio (que estaba cerrada), vio que
salían algunos rayos de luz por las junturas de las 72-5
tablas y por el ojo de la llave.

—¡Aquí están!—volvió a decir.

Y se paró un instante, como para pasar aquel nuevo
trago de amargura.

Luego continuó subiendo... hasta llegar a la puerta 72-10
misma del dormitorio.

Dentro de él no se oía ningún ruido.

—¡Si no hubiera nadie!—le dijo tímidamente la
esperanza.

Pero en aquel mismo instante el infeliz oyó toser 72-15
dentro del cuarto...

¡Era la tos medio asmática del Corregidor!