De repente, paráronse sus ojos en la vestimenta del
Corregidor...

Luego se paró él mismo... 75-15

Después fue demostrando poco a poco en su semblante
una alegría, un gozo, un triunfo indefinibles...;
hasta que, por último, se echó a reír de una manera
formidable..., esto es, a grandes carcajadas, pero sin
hacer ningún ruido (a fin de que no lo oyesen desde 75-20
arriba), metiéndose los puños por los ijares para no reventar,
estremeciéndose todo como un epiléptico, y
teniendo que concluir por dejarse caer en una silla
hasta que le pasó aquella convulsión de sarcástico
regocijo.—Era la propia risa de Mefistófeles. 75-25

No bien se sosegó, principió a desnudarse con una
celeridad febril; colocó toda su ropa en las mismas sillas
que ocupaba la del Corregidor; púsose cuantas prendas
pertenecían a éste, desde los zapatos de hebilla hasta
el sombrero de tres picos; ciñose el espadín; embozose 75-30
en la capa de grana; cogió el bastón y los guantes, y
salió del molino y se encaminó a la Ciudad, balanceándose
de la propia manera que solía D. Eugenio de
Zúñiga, y diciéndose de vez en cuando esta frase, que
compendiaba su pensamiento: 76-5

¡También la Corregidora es guapa!

XXI

¡EN GUARDIA, CABALLERO!

Abandonemos por ahora al tío Lucas, y enterémonos
de lo que había ocurrido en el molino desde que dejamos
allí sola a la señá Frasquita hasta que su esposo
volvió a él y se encontró con tan estupendas novedades.

Una hora habría pasado después que el tío Lucas se 77-5
marchó con Toñuelo, cuando la afligida navarra, que se
había propuesto no acostarse hasta que regresara su
marido, y que estaba haciendo calceta en su dormitorio,
situado en el piso de arriba, oyó lastimeros gritos fuera
de la casa, hacia el paraje, allí muy próximo, por donde 77-10
corría el agua del caz.

—¡Socorro, que me ahogo! ¡Frasquita! ¡Frasquita!...—exclamaba
una voz de hombre, con el
lúgubre acento de la desesperación.