—¡Chica, chica! ¡no grites tanto, que no soy sordo!... 78-25
(exclamó el viejo libertino). ¡Cuando yo estoy
aquí, por algo será!... Vengo a libertar al tío Lucas,
a quien ha preso por equivocación un alcalde de monterilla...—Pero,
ante todo, necesito que me seques
estas ropas... ¡Estoy calado hasta los huesos! 78-30
—¡Le digo a V. que se marche!
—¡Calla, tonta!... ¿Qué sabes tú?—Mira...
aquí te traigo el nombramiento de tu sobrino...—Enciende
la lumbre, y hablaremos...—Por lo demás,
mientras se seca la ropa, yo me acostaré en esta cama... 79-5
—¡Ah, ya! ¿Conque declara V. que venía por mí?
¿Conque declara V. que para eso ha mandado arrestar
a mi Lucas? ¿Conque traía V. su nombramiento y
todo?—¡Santos y Santas del cielo! ¿Qué se habrá
figurado de mí este mamarracho? 79-10
—¡Frasquita! ¡soy el Corregidor!
—¡Aunque fuera V. el Rey! A mí, ¿qué?—¡Yo
soy la mujer de mi marido, y el ama de mi casa!—¿Cree
V. que yo me asusto de los Corregidores? ¡Yo
sé ir a Madrid, y al fin del mundo, a pedir justicia contra 79-15
el viejo insolente que así arrastra su autoridad por
los suelos! Y, sobre todo, yo sabré mañana ponerme
la mantilla, e ir a ver a la señora Corregidora...
—¡No harás nada de eso! (repuso el Corregidor,
perdiendo la paciencia, o mudando de táctica). No 79-20
harás nada de eso; porque yo te pegaré un tiro, si veo
que no entiendes de razones...
—¡Un tiro!—exclamó la señá Frasquita con voz
sorda.
—Un tiro, sí... Y de ello no me resultará perjuicio 79-25
alguno. Casualmente he dejado dicho en la ciudad que
salía esta noche a caza de criminales...—¡Conque
no seas necia... y quiéreme... como yo te adoro!
—Señor Corregidor; ¿un tiro?—volvió a decir la
navarra, echando los brazos atrás y el cuerpo hacia 79-30
adelante, como para lanzarse sobre su adversario.