—¡Mira, cállate tú ahora! Nuestra cuestión particular
la ventilaremos más adelante. Lo que urge en 113-15
este momento es devolver la paz al corazón del tío
Lucas: cosa muy fácil, a mi juicio; pues allí distingo
al Sr. Juan López y a Toñuelo, que están saltando por
justificar a la señá Frasquita.

—¡Yo no necesito que me justifiquen los hombres! 113-20
(respondió ésta).—Tengo dos testigos de mayor crédito,
a quienes no se dirá que he seducido ni sobornado...

—Y ¿dónde están?—preguntó el Molinero.

—Están abajo, en la puerta...

—Pues diles que suban, con permiso de esta señora. 113-25

—Las pobres no podrían subir...

—¡Ah! ¡Son dos mujeres!... ¡Vaya un testimonio
fidedigno!

—Tampoco son dos mujeres. Sólo son dos
hembras... 113-30

—¡Peor que peor! ¡Serán dos niñas!... Hazme
el favor de decirme sus nombres.

—La una se llama Piñona y la otra Liviana.