—¡Nuestras dos burras!—Frasquita: ¿te estás riendo
de mí? 114-5

—No: que estoy hablando muy formal. Yo puedo
probarte, con el testimonio de nuestras burras, que no
me hallaba en el molino cuando tú viste en él al señor
Corregidor.

—¡Por Dios te pido que te expliques!... 114-10

—¡Oye, Lucas!..., y muérete de vergüenza por
haber dudado de mi honradez. Mientras tú ibas esta
noche desde el Lugar a nuestra casa, yo me dirigía desde
nuestra casa al Lugar, y, por consiguiente, nos cruzamos
en el camino. Pero tú marchabas fuera de él, o, 114-15
por mejor decir, te habías detenido a echar unas yescas
en medio de un sembrado...

—¡Es verdad que me detuve!...—Continúa.

—En esto rebuznó tu borrica...

—¡Justamente!—¡Ah, qué feliz soy!... ¡Habla, 114-20
habla; que cada palabra tuya me devuelve un año de
vida!

—Y a aquel rebuzno le contestó otro en el camino...

—¡Oh! sí... sí...—¡Bendita seas! ¡Me parece
estarlo oyendo! 114-25

—Eran Liviana y Piñona, que se habían reconocido
y se saludaban como buenas amigas, mientras que nosotros
dos ni nos saludamos ni nos reconocimos...