—¡No me digas más!... ¡No me digas más!...
—Tan no nos reconocimos (continuó la señá Frasquita), 114-30
que los dos nos asustamos y salimos huyendo en
direcciones contrarias...—¡Conque ya ves que yo no
estaba en el molino!—Si quieres saber ahora por qué
encontraste al señor Corregidor en nuestra cama, tienta
esas ropas que llevas puestas, y que todavía estarán 115-5
húmedas, y te lo dirán mejor que yo.—¡Su Señoría se
cayó en el caz del molino, y Garduña lo desnudó y lo
acostó allí!—Si quieres saber por qué abrí la puerta...,
fue porque creí que eras tú el que se ahogaba y me llamaba
a gritos. Y, en fin, si quieres saber lo del nombramiento...—Pero 115-10
no tengo más que decir por la presente.
Cuando estemos solos, te enteraré de ese y
otros particulares... que no debo referir delante de
esta señora.
—¡Todo lo que ha dicho la señá Frasquita es la pura 115-15
verdad!—gritó el señor Juan López, deseando congraciarse
con Doña Mercedes, visto que ella imperaba
en el Corregimiento.
—¡Todo! ¡Todo!—añadió Toñuelo, siguiendo la
corriente de su amo. 115-20
—¡Hasta ahora..., todo!—agregó el Corregidor,
muy complacido de que las explicaciones de la navarra
no hubieran ido más lejos...
—¡Conque eres inocente! (exclamaba en tanto el
tío Lucas, rindiéndose a la evidencia).—¡Frasquita 115-25
mía, Frasquita de mi alma! ¡Perdóname la injusticia,
y deja que te dé un abrazo!...
—Esa es harina de otro costal... (contestó la Molinera,
hurtando el cuerpo).—Antes de abrazarte,
necesito oír tus explicaciones... 115-30
—Yo las daré por él y por mí...—dijo Doña
Mercedes.
—¡Hace una hora que las estoy esperando!—profirió
el Corregidor, tratando de erguirse.
—Pero no las daré (continuó la Corregidora, volviendo 116-5
la espalda desdeñosamente a su marido) hasta que
estos señores hayan descambiado vestimentas...; y,
aun entonces, se las daré tan sólo a quien merezca oírlas.