—¡Pobre de mí!—murmuró la Corregidora
tranquilamente. 118-20
—Eso dijimos todos... «¡Pobre tío Lucas y pobre
Señora!»—Porque... la verdad, señá Frasquita, ya
teníamos idea de que mi señor había puesto los ojos en
V..., y, aunque nadie se figuraba que V....
—¡Ama! (exclamó severamente la Corregidora). 118-25
¡No siga V. por ese camino!...
—Continuaré yo por el otro... (dijo un alguacil,
aprovechando aquella coyuntura para apoderarse de la
palabra).—El tío Lucas (que nos engañó de lo lindo
con su traje y su manera de andar cuando entró en la 118-30
casa; tanto que todos lo tomamos por el señor Corregidor),
no había venido con muy buenas intenciones que
digamos, y si la Señora no hubiera estado levantada...,
figúrese V. lo que habría sucedido...
—¡Vamos! ¡Cállate tú también! (interrumpió la 119-5
cocinera).—¡No estás diciendo más que tonterías!—Pues,
sí, señá Frasquita: el tío Lucas, para explicar su
presencia en la alcoba de mi ama, tuvo que confesar las
intenciones que traía... ¡Por cierto que la Señora no
se pudo contener al oírlo, y le arrimó una bofetada en 119-10
medio de la boca, que le dejó la mitad de las palabras
dentro del cuerpo!—Yo misma lo llené de insultos y
denuestos, y quise sacarle los ojos... Porque ya conoce
V., señá Frasquita, que, aunque sea su marido de V.,
eso de venir con sus manos lavadas... 119-15
—¡Eres una bachillera! (gritó el portero, poniéndose
delante de la oradora).—¿Qué más hubieras querido
tú?...—En fin, señá Frasquita; óigame V. a mí, y
vamos al asunto.—La Señora hizo y dijo lo que
debía...; pero luego, calmado ya su enojo, compadeciose 119-20
del tío Lucas y paró mientes en el mal proceder
del señor Corregidor, viniendo a pronunciar estas o
parecidas palabras:—«Por infame que haya sido su
pensamiento de V., tío Lucas, y aunque nunca podré
perdonar tanta insolencia, es menester que su mujer de 119-25
V. y mi esposo crean durante algunas horas que han
sido cogidos en sus propias redes, y que V., auxiliado
por ese disfraz, les ha devuelto afrenta por afrenta.
¡Ninguna venganza mejor podemos tomar de ellos
que este engaño, tan fácil de desvanecer cuando nos 119-30
acomode!»—Adoptada tan graciosa resolución, la
Señora y el tío Lucas nos aleccionaron a todos de lo que
teníamos que hacer y decir cuando volviese Su Señoría;
y por cierto que yo le he pegado a Sebastián Garduña
tal palo en la rabadilla, que creo no se le olvidará en 120-5
mucho tiempo la noche de San Simón y San Judas!...
Cuando el portero dejó de hablar, ya hacía rato que
la Corregidora y la Molinera cuchicheaban al oído,
abrazándose y besándose a cada momento, y no pudiendo
en ocasiones contener la risa. 120-10
¡Lástima que no se oyera lo que hablaban!...—Pero
el lector se lo figurará sin gran esfuerzo: y, si no
el lector, la lectora.
DECRETO IMPERIAL