La obscuridad no era tanta que dejásemos de vernos unos á otros..... Pero ¡de qué manera! ¡Qué fatídica luz en nuestras frentes! ¡Qué lobreguez en las nubes! ¡Qué aparente movilidad en el suelo que pisábamos!
De pronto cae de aquel extraño fenómeno un borbotón de luz, un río de oro, un torrente de fuego que inunda instantáneamente toda la enlutada atmósfera.....
Un nuevo aplauso, un nuevo grito, mil y mil bendiciones á Dios pueblan el espacio.
—¡El SOL! ¡El SOL!—exclamamos todos con amorosa alegría.
—¡Bendito sea Dios! ¡Bendito sea Dios!—repetimos, llenos de gratitud y de entusiasmo.....
Y hay otro cambio súbito en la naturaleza, y tierra y cielos mudan de color como por encanto, y la mar vuelve á aparecer, y las estrellas se ocultan, y el sol recobra su soberanía—con gran contentamiento de nuestros corazones, apenados un punto al ver vencido tan glorioso y potente astro por el más débil y mezquino de los mil que alimenta y vivifica su bienhechora llama......
Valencia, 1860.