Sábado 22 á las siete de la tarde, hubo turbonadas de truenos y agua, y navegaron al norte. Domingo 23 al amanecer, se hallaron en la costa que corre al sur del puerto de Santa Cruz, y á las diez y media anclaron al este de dicho puerto, á media milla de distancia, en 9 brazas de agua, en 50 grados y 20 minutos de latitud. Salió en la lancha el piloto Varela á reconocer una entrada, que reconocieron á la banda del norte, creyendo seria la boca del rio de Santa Cruz; pues habiendo registrado toda la tierra, que media entre la tierra rasa y el rio Gallegos, no le habian hallado. Dentro de hora y media volvió al navio, por no poder romper con la corriente de la marea que bajaba. A las tres de la tarde, reconocieren que el agua habia bajado seis brazas, y que estaban expuestos á quedarse en seco, por estar la marea en su mayor fuerza, y á su lado se iban descubriendo bancos de arena y escollos por tanto al punto se levaron para ponerse en franquía; mas apenas habian largado el trinquete y velacho, cuando descubrieron un banco que les cerraba totalmente la salida. Dieron fondo en seis brazas, y todavia bajó algo la marea, de suerte que llegó esta por todo á bajar seis brazas y media. A media noche quisieron salir con la marea llena, pero no pudieron, por alcanzarles la menguante antes de suspender el ancla, y ser peligrosa la salida en la oscuridad de la noche. La marea comenzó á bajar á las once y media del dia.
Lúnes 24, tampoco dió lugar la marea á que saliesen del peligro en que estaban, hasta las once del dia, que con marca llena y viento de tierra se levaron, y poco á poco salieron á franquía en demanda del Puerto de San Julian, dando repetidas gracias á Dios por haberlos librado de los bajos que hallaron en el rio de Santa Cruz, saliendo con la marea por encima de los peñascos, de que por todas partes estuvieron cercados. Este rio de Santa Cruz en otro tiempo fué capaz de naves gruesas: pues refiere Gonzalo Fernandez de Oviedo en su Historia de las Indias, que ancoraron en él las naos del comendador D. Fray Garei Jofré de Loaysa, año de 1526. Y lo mismo comenta el cronista Antonio de Herrera en su Historia de Indias, dec. 3. lib. 9. cap. 4., quien dice, que en dicho rio de Santa Cruz dió carena á su capitana. Y en la decada 2. lib. 9. cap. 14. deja escrito, que Hernando de Magallanes se estuvo detenido en este rio de Santa Cruz los meses de Setiembre y Octubre del año de 1520, haciendo mucha cantidad de pesquería. Y mas es todavía, que casi cien años despues, los hermanos Nodales, el año de 1618, en su viage al registro del estrecho de San Vicente, ó de Lemaire, estuvieron tambien, aunque de paso, en el mismo rio ó bahia, que les pareció buen puerto, como escrivieron los mismos en su relacion, y de ella lo refiere Fray Marcos de Guadalajara en la cuarta parte de la Historia Pontifical, lib. 14 cap. 1. Sin embargo, el dia de hoy está impedido dicho rio de Santa Cruz con unos grandes bancos de arena, que se discurre amontonó en su embocadura la corriente de las mareas que es rapidísima; tanto que hace garrar las áncoras, y con la baja marea quedan descubiertos los bancos que cierran la entrada. Tiene aquí la marea algo mas de seis horas de flujo, y otras tantas de reflujo, y este dia 24 de Enero comenzó á bajar á las doce y media del dia.
Martes 25, sopló el sud-oeste y sur-sud-oeste muy récio, y levantó mucha marejada, como acontece siempre en estas costas. Miércoles 26, se murió un indio guaraní, que quiso acompañar en esta expedicion al Padre Strobl. No podian adelantar mucho el viage, porque el viento y la mar del norte abatian mucho el navio. Este dia, con ser ya por aquí el rigor del verano, hizo mucho frio, y en todos los demas experimentaron tanto como en Castilla se experimenta en el invierno. Jueves 27, se hallaron á medio dia en 49 grados, 17 minutos de latitud; y por la noche el viento oeste-sud-oeste cambió al nord-este, y causó mucha mar. Desde la altura del rio de Santa Cruz es toda la tierra llana y pelada, como la pampa de Buenos Aires, sin verse en ella cerro, ni árbol alguno; y desde 49 grados y 26 minutos hácia el norte, corren algunas cordilleras y cerros altos hasta pasar Cabo Blanco, que, como ya dige, está en 47 grados. El sábado 29, se pasó todo dando bordos hácia el este y el oeste, sin poder arribar al rio de San Julian por el viento contrario. Con nord-este fresco se hicieron mas al norte, para hallarse en positura de poder al dia siguiente reconocer dicho rio. Domingo 30, tampoco se hizo cosa, y á las ocho de la noche refrescó demasiado el viento por el nord-este, levantando grande marejada, que se aumentó por instantes, rodeando por el oeste, hasta parar en un sud-oeste furioso, que los puso en gran peligro, y obligó á capear con solo la mesana, arreadas la antena mayor y la del trinquete.
Lúnes 31, corrieron con el mismo temporal que fué mas terrible que todos los pasados, hasta las diez del dia que calmó el viento, y á medio dia se hallaron en 48 grados y 47 minutos de latitud. Por la tarde, cuando lo permitia el viento, que fué poco y vario, navegaron al oeste para tomar otra vez la costa, que el temporal les habia hecho perder de vista. Por este tiempo hacian segunda novena á su Patron San Francisco Javier, y al fin de ella, y vispera y dia de la Purificacion, hubo muchas confesiones y comuniones.
El dia 1 de Febrero, navegaron al oeste; mas la corriente del norte les hizo sotaventar muchas leguas al sur: pues, reconocida la tierra, á las 9 de la mañana se hallaron en 49 grados 5 minutos de latitud, y pasaron el dia dando bordos, sin poder tomar ni aun reconocer el Rio de San Julian. Ancoraron á la noche á tres leguas de la costa. Miércoles 2, navegaron con viento sur á poca distancia de la costa, que desde los 48 á los 49 grados tiene algunos escollos, á las dos y tres leguas del continente, y algunos de ellos parecen islotes, sin haber en ella ensenada, en que se pueda dar fondo al abrigo de algun temporal. Jueves 3, tampoco pudieron descubrir dicho rio, y á medio dia se hallaron en 48 grados cabales á la vista de la costa. Lo mismo les acaeció el viernes 4; y el sábado 5, se hallaron en 48 grados, 24 minutos de latitud, á seis leguas de tierra. A las 3 de la tarde estuvieron este-oeste con los escollos que pone el P. La-Feuillée en 48 grados y 17 minutos de latitud. El escollo que sale mas al mar, se parece al casco de un navio, y dista de tierra cinco leguas: en la misma latitud, á legua y media de la tierra, se ven otros cuatro ó cinco escollos que salen como una restinga de piedras, y todos velan sobre el agua. Toda la costa en esta altura es tierra árida y baja: solamente se dejan ver á trechos algunos mogotes que no se levantan mucho.
Domingo 6, se hallaron demasiado apartados de la tierra en 48 grados 34 minutos, y la costa, desde esta altura á los 49 grados 17 minutos, hace la figura de dos grandes ensenadas, y corren las puntas al sud-oeste, cuarta al sur. La tierra, que media entre las alturas dichas, es por lo general alta, aunque en algunas partes hace playazo. Al ponerse el sol sintieron el ambiente muy cálido, cosa extraordinaria en estas costas: dieron fondo con un anclote al sud-oeste, un cuarto al sur de un cerro, el mas alto de esta costa, distante seis leguas. Lúnes 7, á medio dia estaban en 48 grados, 48 minutos al este-nord-este del cerro mas alto, que es uno de los últimos de la tierra alta. A las 6 de la tarde echaron la ancla á dos leguas de una bahia, que desde afuera parece una corta ensenada, que está al este del cerro alto en 15 brazas, y el fondo era barro muy pegajoso y fuerte. Martes 8, á las 5 de la mañana, salió D. Diego Varela en lancha á reconocer dicha bahia, creyendo hallar allí la entrada al rio de San Julian; pero llegando á la boca de la bahia, comenzó á bajar la marea con gran fuerza, y al mismo tiempo arreció demasiado el viento del oeste, por lo cual no pudieron arrimarse á tierra, y estuvo muy á punto de naufragar la lancha, en la cual entró de una vez cosa de una pipa de agua: por lo cual se volvieron al navio á las tres de la tarde. A la boca ó entrada de esta bahia, por la banda del norte, hallaron catorce brazas de fondo, barro algo negro y bueno para anclar: y en la banda del sur, á la entrada hay cinco, seis y siete brazas de la propia calidad en el fondo. Toda la entrada es limpia; solamente en la punta del sur hay dos farellones que velan en marea mediada; en pleamar parece que se cubren, y en bajamar queda esta punta un placer.
Miércoles 9, dia de la Purificacion de Nuestra Señora, cuyo patrocinio imploraban, quiso la Madre de piedad, que, calmado el oeste fuerte á las 9 de la mañana, poco despues con un norte lento entrasen en la primera ensenada de la bahia, que conocieron luego ser la de San Julian; y favorecidos del viento, entraron hasta una legua dentro. A las dos de la tarde, tomando mucha fuerza la corriente de la marea que bajaba, les precisó á dar fondo con un anclote. En el interin que cesaba el flujo de la marea, saltaron en tierra algunos; y habiendo observado D. Diego Varela y el Padre Joseph de Quiroga, las vueltas y bajas que hacia el rio, se volvieron á bordo á las 4 de la tarde. En tierra hallaron algunos matorrales quemados poco antes. A las 6 de la tarde entraron mas adentro, hasta poner el navio defendido de todos vientos, y le amarraron con dos anclas. Habiendo dado fondo en marea alta en nueve brazas, luego se quedaron en solas tres brazas, aunque el fondo es bueno de barro blanco.
Jueves 10, salió el Padre Matias Strobl y el alferez D. Salvador Martinez, con algunos soldados, á ver si hallaban indios en tierra: y los Padres Cardiel y Quiroga, y el piloto mayor Varela salieron en la lancha prevenidos de víveres á sondar la bahia hasta el rio de la Campana, que ponen algunos mapas, ó si entraba otro rio, con ánimo de no desistir de la empresa hasta averiguarlo todo. Hallaron que los navios pueden entrar hasta legua y media de la primera boca: que el mayor fondo se halla en pasando una isleta baja, que en pleamar le falta poco para cubrirse, y hay en ella algunos patos é innumerables gaviotas. Todo lo demas, que está de la banda del sur y del oeste, en marea llena, parece un golfo todo lleno de agua; pero en bajamar queda todo en seco: y así, habiendo navegado cosa de tres leguas hasta medio dia, y bajando á este tiempo la marea, se quedaron en seco. Luego que subió, prosiguieron hácia unas barrancas blancas, que se veian al sud-oeste; y tres cuartos de legua antes de llegar á ellas, y al parage donde en pleamar llegaba el agua, bajó otra vez la marea, y se quedaron en seco. Descalzáronse el piloto Varela y el Padre Cardiel, y por el barro y pozitos que dejó la bajamar, llegaron á la costa. Anduvieron hácia una y otra parte, y reconocieron que allí se acababa la bahia, y allí fenecía el grande y fabuloso rio de San Julian, su gran laguna y el rio de la Campana, tan mentados y decantados en los mapas, especialmente de los extrangeros; quedando harto maravillados de que con tanta confianza se cuenten tales fábulas, y se impriman sin temor de ser cogidos en la mentira.
Encima de aquellas barrancas ó laderas halló el Padre Cardiel cantidad de yeso de espejuelo, en planchas anchas á manera de talco. Volviéronse descalzos á la lancha, en que durmieron hasta las dos y media de la mañana del viernes 11. En amaneciendo fueron costeando lo restante de esta bahia: á las ocho bajó la lancha, sin poder sacarla hasta las dos y media de la tarde, que creció la marea, y rodeada toda la bahia, se volvieron al navio, y en toda ella no hallaron agua dulce, ni leña, sino tal cual matorral de sabina y espino. El Padre Matias Strobl volvió diciendo, que por donde habian andado, la tierra era semejante á la del Puerto Deseado; que halló en la orilla de la bahia unos pozos con una vara de profundidad, de agua algo salobre; pero que se podia beber, hechos á mano: que se discurrió los harian los ingleses de la escuadra de Jorge Anson, el año de 1741, y que tambien halló, á distancia de media legua de la bahia, una laguna, cuya superficie estaba quajada de sal. Los marineros tendieron la red, y pescaron buen número de peces grandes, de buen gusto, semejantes al bacallao, aunque algunos dijeron era pejepalo.
Sábado 12, quedándose indispuesto el Padre Quiroga en el navio, salieron los dos pilotos á marcar el sitio de las salinas, y se recogieron á bordo al anochecer, quedando en tierra dos soldados, que se apartaron demasiado. Domingo 13, reconociendo en aquel puerto tan mala disposicion para que se quedasen los Padres Strobl y Cardiel con el alferez y los soldados, y siendo igualmente árida toda esta costa hasta ahora registrada, quiso el Padre Quiroga saber el parecer de los otros dos misioneros, del capitan del navio, y del alferez que comandaba la tropa, y todos unanimes sintieron no establecer allí poblacion, por no haber en la cercania de la bahia agua dulce, ni tierras para labranza: lo que es mas por faltar madera, y aun leña para quemar, que es la cosa mas necesaria en esta tierra frigidísima: pero para mayor averiguacion se determinó que saliese el Padre Matias Strobl con el alferez y ocho soldados, por un lado, llevando víveres para tres ó cuatro dias, y anduviesen tierra adentro registrando la tierra; y asímismo el Padre José Cardiel por otro lado con diez soldados. Volvieron los dos soldados que se habian quedado en tierra la noche antecedente, y dijeron haber hallado agua dulce en una laguna, distante cuatro leguas de la bahia, y guanacos y avestruces; pero que no se veian árboles en cuanto alcanzaba la vista.