Lúnes 14, salieron en la forma dicha el Padre Strobl por la parte oriental, y el Padre Cardiel por la occidental, y caminando aquel al sur, como cosa de seis leguas, encontró una laguna que bojearia una legua, toda cuajada de sal, distante del mar tres cuartos de legua, y otro tanto del fin de la bahia. Los soldados encendieron los matorrales que hallaron, y corrió el fuego dos leguas. La tierra era la misma que en el viage antecedente. La gente, que con el Padre Cardiel iban hácia el poniente, pegaron tambien fuego en la yerba de los campos, y subió el fuego hasta muy alto. Hizo noche dicho Padre Cardiel como seis leguas al poniente de la bahia, en donde hallaron agua dulce. Por la mañana del martes 15, despues de rezar, y haberse todos encomendado á Dios, prosiguieron su viage, y á distancia de una legua de la dormida, dieron con una casa, que por un lado tenia seis banderas de paño de varios colores, de media vara en cuadro, en unos palos altos, clavados en tierra, y por el otro lado cinco caballos muertos, embutidos de paja, con sus clines y cola, clavados cada uno sobre tres palos en altura competente. Entrando en la casa, hallaron dos ponchos tendidos, y cabando encontraron con tres difuntos, que todavia tenian carne y cabello. El uno parecia varon, y los otros mugeres: en el cabello de una de estas habia una plancha de laton de media cuarta de largo, y dos dedos de ancho, y en las orejas, zarcillos de lo mismo. En lo alto de la casa habia otro poncho revuelto, y atado con una faja de lana de colores, y de ella salia un palo largo como veleta, de que pendian ocho borlas largas de lana amusca. Segun estas señas, los difuntos eran de la nacion Puelche. Pasaron adelante en busca de los que habian hecho aquel entierro, creyendo dar luego con ellos, y juntamente con tierra habitable; mas, aunque caminaron otras tres leguas, no hallaron rastro y se les acabó el bastimento. Quisieron los soldados cazar patos en las lagunas que se encontraban, y como era con bala, no mataban nada.
Despachó el Padre Cardiel dos soldados al navio con un papel al Padre Superior Matias Strobl, y al capitan, dándoles relacion de todo lo hallado, y pidiéndoles hasta treinta hombres con viveres y municiones para ellos, y para los que le acompañaban, que pudiesen durar hasta cuatro jornadas adelante. Este mismo dia 15 salieron en la lancha el piloto D. Diego Varela y el Padre Quiroga á sondar el canal de la entrada, y marcar todos los bancos que hay en su boca: pero por el viento recio se vieron precisados á desembarcar en una pequeña ensenada, donde echando la red los marineros, la sacaron llena de peces grandes, todos de una especie, que parecen truchas de siete á ocho libras. Hallaron en aquella parte de la costa buena leña para quemar, y en buena proporcion, para que se puedan proveer de ella los navios que entren. A la tarde volvió el Padre Matias y su comitiva, y dijeron, que en la laguna hallada, la sal tendria mas de una vara de alto, blanca como la nieve, y dura como piedra; pero que no habian hallado seña alguna de que habiten indios en esta tierra.
En el miércoles 16, aunque sopló fuertemente el sud-oeste, nada incomodó al navio, por estar bien defendido, y no poder los vientos levantar marejada. Llegaron los dos soldados con la carta del Padre Cardiel, á cuya súplica condescendió el Padre Strobl, quien el jueves 17, al salir el sol, saltó en tierra con el alferez y los soldados, á juntarse con dicho Padre Cardiel, al mismo tiempo el Padre Quiroga, el capitan de navio y el primer piloto, fueron en la lancha á sondar lo que les faltaba de la bahia, y saltando en tierra, subieron á un cerro bien alto, que está al norte de la bahia. Descubrieron hácia la parte del norte una gran laguna que se extendia tres leguas al oeste, y casi otro tanto al norte, sin comunicacion alguna con el mar; pero no pudieron saber si dicha laguna era de agua dulce. El Padre Matias caminó cuatro leguas con su gente, y sabiendo que se acercaba el Padre Cardiel, le envió á decir que se llegase á donde su reverencia estaba. Hízolo el Padre Cardiel con grande trabajo, y le dijo el Padre Matias, que aquella su gente venia muy fatigada con tanta carga, y que habiendo pensado mejor en el punto, le parecía ser temeridad irse á meter entre bárbaros no conocidos, y de á caballo. Dióle muchas razones en contra, con su ánimo intrepido y valeroso el Padre Cardiel, poniendo por delante el valor y experiencia de aquella gente, los pertrechos que tenian de fusiles, pólvora y balas, la cobardia de todo indio, cuando halla resistencia, y finalmente, la causa tan de Dios que llevaban de su parte, que era la conversion de aquellos gentiles. Respondió el Padre Matias, que lo encomendaria á Dios, y responderia por la mañana; en que la resolucion fué se volviesen al navio. Obedeciendo pronto el Padre Cardiel, aunque con el sentimiento de retirarse sin descubrir los indios que imaginaba muy cercanos, pues habia ya visto un perro blanco que le ladró, y se fué retirando hasta donde creia haber de hallar los indios. La causa que tuvo entonces el Padre Matias fué llevar pocos víveres prevenidos.
Sábado 19, propuso de nuevo el Padre Cardiel seria bien averiguar donde tenian su habitacion los indios, y pidió al Padre Superior Strobl, que lo consultase con el capitan del navio, con el alferez, con el sargento y con el Padre Quiroga, segun la instruccion que para semejantes casos le habia dado el Padre Provincial. Hecha la consulta, fué esta de parecer que volviese á correr el campo el Padre Cardiel con los soldados, que voluntariamente quisiesen acompañarle. A los soldados añadió el capitan del navio muchos marineros, que voluntariamente se ofrecieron, y un soldado de marina, llevando cada uno víveres para ocho dias, y buena prevencion de municiones.
Domingo 20, en que fué el novilunio, habiendo observado el Padre Quiroga y los pilotos con particular cuidado la hora de la plena y de la bajamar, hallaron, que la bajamar fué á las cinco de la mañana, y la plenamar á las 11 del dia. Lo cual es muy necesario que sepan los que hubieren de entrar en este puerto, porque hay no menos que seis brazas perpendiculares de diferencia; de suerte que en pleamar puede entrar un navio de línea por los bancos, que en bajamar quedan descubiertos. Al amanecer este dia, despues de decir misa, saltó en tierra el Padre Cardiel con la escolta de soldados y marineros, que por todos eran 34, y tomó el camino al oeste. El órden que observaban era este. A la mañana rezaban algunas oraciones, y el acto de contriccion, y una oracion en que daban gracias á Dios por los beneficios comunes, y le ofrecian las obras y trabajos de aquel dia, especificando la hambre, sed, cansancio, peligros, &a.; y protestando, que lo hacian por su amor y por la conversion de los infieles. Despues se desayunaban, y marchaban cantando la letania de la Virgen, y despues de ella rezaba el Padre Cardiel el itinerario clerical. Cuando iban por campaña sin camino, iba el Padre en medio, y todos estendidos en ala á la larga, para buscar mejor lagunas, leña, caza, y ver humos de indios, &a.; cuando por senda de indios (que la tuvieron por muchas leguas), iba el Padre el primero, atemperado al paso de los menos fuertes, para que no les hiciesen caminar mas de lo que podian: llevaba al pecho un crucifijo de bronce, y en la mano un báculo, grabada en él una cruz. A la noche rezaban el rosario, y cantaban la Salve: y para el rezo de mañana y tarde, y para hacer cargar las mochilas y caminar, hacia el Padre señal con una campanilla que servia de tambor.
Caminaron en esta forma cuatro jornadas, de á 6 y 7 leguas cada dia, casi siempre por un camino de indios, de un solo pié de ancho, que estaba lleno de estiercol de caballos y potrillos, ya antiguo, y por manantiales de agua muy buena. Al fin de las cuatro jornadas se desviaron de la senda á una cuesta alta, desde donde mirando con un anteojo de larga vista, descubrieron la tierra de la calidad que la demas. Anduvieron en estos cuatro dias, cosa de 25 leguas sin hallar árbol alguno, ni pasto, sino algo de heno verde en los manantiales, ni tierra de migajon para sembrar, sino toda esteril: agua sí, y en abundancia en varios manantiales, por donde iba el camino ó senda de los indios; y por donde no la habia, lagunas todas de agua dulce. No vieron humo alguno, ni se encontraron animales del campo, sino unos pocos guanacos que huian de media legua, y tal cual avestruz, de los que mataron uno, siendo esteril de caza toda la campaña y cuestas: ni aun pájaros se oyeron, sino es tal ó cual. Hubiéronse, pues, de volver harto desconsolados. La gente se portó con mucha constancia, aunque unos á pocos dias iban ya descalzos, otros con ampollas en los pies, y otros con llagas, y los mas al sexto dia estaban estropeados. El Padre Cardiel á pocos dias padeció muchos dolores en las junturas de las piernas, de manera que al quinto no podia caminar sin muletas; y no hallando otro remedio, que ponerse en ellas paños empapados en orina: con esto solo y la providencia paternal de Dios pudo proseguir. El frio de noche les molestaba mucho; y aunque con los escasos matorrales que hallaban, tenian fuego toda la noche, como no llevaban mantas, ni con que cubrirse, por un lado se calentaban y por otro se helaban sin poder dormir.
Con todos estos trabajos estaba tan vigoroso el ánimo del Padre Cardiel, que si hubiera sido sui juris, se hubiera venido por tierra, descubriéndolo lo que hay acerca de los decantados, ó encantados Césares, y de naciones dispuestas á recibir el Evangelio, para lo cual ya se le habian ofrecido algunos de su comitiva. Porque se hacia la cuenta, que con abalorios que llevaba, podria comprar caballos de los indios, y cautivarles voluntades; pero como no esperaba conseguir licencia para practicar esta especie, trató de volverse al puerto en otras cuatro jornadas. En estos ocho dias, que se tardó el Padre Cardiel en esta expedicion, observó el Padre Quiroga con un cuadrante astronómico la latitud de esta bahia de San Julian: y segun estas observaciones, la primera entrada de la bahia está en 49 grados, y 12 minutos: el medio en 49 grados y 15 minutos. El martes 22, á las 4 de la mañana, se embarcaron en la lancha el Padre Mathias Strobl, el Padre Joseph Quiroga, el piloto D. Diego Varela y el alferez D. Salvador Martinez Olmo, y salieron á la primera ensenada de la bahia, y saltando en tierra, caminaron hácia el norte á reconocer la laguna, que habian descubierto los dias antecedentes. A los tres cuartos de legua hallaron en lo alto, entre unos cerros, otra laguna de agua dulce, que tiene de circuito una legua. Mas adelante, á dos leguas de la ensenada, donde desembarcaron este dia, hallaron la laguna grande; pero toda cubierta de sal: tiene tres leguas de largo, y mas de una de ancho. Pasaron á la otra banda por ver si hallaban algunos árboles, y no hallaron sino matorrales, que solamente tienen leña para quemar. En esta travesía de la laguna les calentó mucho el sol; y su reflexion en la sal blanca como la nieve les ofendia la vista. Hallaron siete ú ocho vicuñas, y un guanaco, y á la banda del sur de la laguna, un pozo de agua dulce. Por la banda del este de esta laguna hay una buena llanura, y luego está el mar á una legua de distancia. A las 4 de la tarde de este dia estuvieron ya á bordo.
Lo que todos vinieron á concluir, reconocida esta tierra de la bahia de San Julian, y sus malas calidades, es que por allí no pueden habitar los indios por falta de leña, miel, caza, &a. sino que viven muy retirados; y discurrieron, que el sendero estrecho que siguió el Padre Cardiel cuatro jornadas es, ó de los Auracanos de Chile, ó de los Puelches y Peguenches, que vendrán tal cual vez por sal, de que carecerán en su país, á la laguna grande, ó á las otras de la cercanía de la bahia; y que este año moriria allí algun principal de ellos, para cuyas exequias matarian dos de sus mugeres y sus caballos, para que les hiciesen compañía en la otra vida, segun cree su ceguedad, y por el mismo motivo enterrarian con él todas sus alhajuelas. Maravillados sí quedaron, de que en tamaña distancia de Buenos Aires, hubiese indios de á caballo, porque se juzga que desde 150 leguas abajo, todos estan de á pié, segun nos dicen los indios serranos, y los derroteros de extrangeros. Segun parece por sus alhajuelas de laton, &a., ellos tienen comunicacion con otras naciones, que la tienen con españoles.
En fin, el lúnes 28 de Febrero, se empezaron á preparar las cosas para salir de la bahia de San Julian, en donde no hallándose comodidad para hacer por lo presente algun establecimiento, hizo el Padre Superior Matias Strobl consulta, en que entraron el Capitan del navio, el alferez, el sargento, los Padres Cardiel y Quiroga, presente el escribano del navio, y todos unánimes fueron de parecer, que al presente no era conveniente se quedasen allí los Padres, pues ademas de faltar las cosas necesarias para poblacion, tampoco habia indios, en cuya conversion se empleasen. Por tanto á las 9 de la mañana comenzaron á levarse; pero habiéndose cambiado á la misma hora el viento á sud-oeste, se quedaron en el mismo sitio. A las dos de la tarde sopló con gran fuerza el sud-oeste, y aunque en esta bahia no levanta mar, hizo tanta fuerza, que el navio garró algunas brazas, y fué necesario arrear las antenas y prevenir otra ancla. Los marineros, que habian ido hoy á tierra en la lancha, hallaron en el campo un letrero con estos caracteres: I. O. HN. WOOD, que será el nombre de algun inglés ú holandés que haya estado en esta bahia.
Martes á 1 de Marzo, por tener el viento por el sud-este, no pudieron salir por la mañana, y se colocó en un alto, en frente del sitio donde estuvieron ancorados, una cruz alta de madera con esta inscripcion:—Reinando Phelipe V, año de 1746. A las 4 de la tarde, soplando el oeste, se levaron y salieron de la bahia de San Julian, á las 5, y luego que estuvieron fuera, levantaron la lancha á bordo, y siguieron su derrota al nord-este. Con que por despedida será bien dar aquí mas completa relacion de este puerto y bahia.