De ella cuentan muchas cosas los viageros extrangeros, y especialmente Jorge Anson, Comandante de la escuadra inglesa, que el año de 1741 entró á infestar el mar del sur, por el estrecho de Lemaire. Entre otras cosas ponen algunos de sus mapas impresos, que esta famosa bahia la forma un gran rio, que nace de una gran laguna, 40 ó 50 leguas tierra adentro, y que de esta laguna nace otro rio, llamado de la Campana, que corre hasta salir al mar del sur. Por todo esto deseaba el Real Consejo de Indias que se hiciese aquí una poblacion, y á ese fin se emprendió este viage: pero la experiencia ha desengañado, que todo lo que decian de esos rios los extrangeros es una mera y pura patraña, pues tal rio no se halla, ni señas de haberle jamas habido; que al fin es verdadero el adagio castellano, que, á luengas tierras, luengas mentiras. Todos sitúan esta bahia en 49 grados, minutos mas ó menos, y tienen razon: porque como ya dije, se ha visto ahora que está en 49 grados y 12 minutos su entrada, y el medio, en donde pueden surgir los navios, en 49 grados y 15 minutos. Su longitud respectiva, contada de la isla de los Lobos, son 15 grados y 20 minutos; y la longitud universal, contada del pico Teibez de Tenerife, son 311 grados, y 40 minutos. No solamento no entra en esta bahia rio alguno grande que se pueda navegar muchas leguas arriba, como en sus diarios y cartas escriben sin fundamento algunos estrangeros, pero ni aun un pequeño arroyuelo pudieron hallar nuestros españoles.

La entrada de este puerto es dificil de conocer al que no lleva mas señal que la altura, porque desde fuera solamente se ve la primera ensenada, casi toda llena de bajíos; pero será muy fácil de conocer dicha entrada, gobernándose por las señas siguientes. Casi al oeste de la boca del puerto está un cerro muy alto, el cual yendo del nord-este, se vé de muy léjos, por ser el mas alto que se vé en esta costa, y de léjos parece como isla; y acercándose algo mas, se ven las puntas de otros tres cerros, que tambien parecen islas, hasta que de mas cerca se vé que son tierra firme. Pues el que fuese en demanda del puerto de San Julian desde la isla de los Reyes, se apartará de la tierra, porque es la costa peligrosa, y llena de bajos; y en llegando á los 49 grados, llevará la vista al sobredicho cerro mas alto, y navegará acercándose á la tierra este-oeste con él, y entonces verá la primera ensenada, que tiene á la banda del norte unas barreras blancas; y toda tierra que está á la banda del sur hasta el rio de Santa Cruz, es baja, y tambien parece que hace una barrera blanca, como una muralla.

La entrada del puerto es bien dificil, y no pueden entrar navios en marea baja, pues queda solamente un canal estrecho con dos brazas y media, ó tres brazas de fondo, el cual corre al sud-oeste hasta una punta, en la cual hay algunas peñas, y desde allí corre mas al sur por cerca de la costa, que se deja al oeste. En pleamar pueden entrar navios de cualquiera porte, porque, como ya se dijo, la marea sube y baja seis brazas perpendiculares, y hace muy diferente la apariencia de la entrada y del puerto, como se vé en dos planos que hizo el Padre Quiroga. No obstante, siempre será necesario que el navio, que no llevare piloto práctico de este puerto, dé fondo afuera, y envíe la lancha á reconocer la entrada: porque, como he dicho, es dificil, y siempre será bueno entrar cuando la marea vaya perdiendo la fuerza, para poder ancorar en bastante fondo, antes que baje la marea. Los navios grandes pueden entrar hasta ponerse detras de las islas, en donde en bajamar se hallan 13 y 14 brazas. El fondo es bueno, de barro negro, mezclado con arenilla muy fina. Los vientos aquí, aunque soplan con fuerza, no levantan marejada, por estar todo el puerto cubierto con la tierra. Hay dentro dos islas, que valen en pleamar, y en ellas muchas gaviotas. A media marea se van descubriendo otros islotes; y finalmente en bajamar se queda en seco, por la parte del sur, un recinto que en pleamar parecia una gran bahia.

Este puerto por el estio no tiene aguada para los navios; pues algunas lagunas manantiales, que se hallan al oeste del puerto, distan tres ó cuatro leguas, y otra laguna mas próxima, que está al nor-oeste de la entrada, dista una legua del mar, y es bien dificil de hallar entre dos cerros cerca de lo alto. En tiempo de invierno es factible que bajen algunos arroyos del agua que destilarán las nieves. Toda la tierra es salitrosa y esteril, solamente se hallan algunos matorrales al oeste de la entrada, que pueden servir para leña para los navios: no hay pasto para los ganados, sino es tierra adentro, que se halla algun poco en las cañadas, donde hay manantiales, ni se halla un solo árbol que pueda servir para madera.

Puédese fácilmente fortificar el puerto, construyendo una bateria en la punta de piedras, que está al sud-oeste de la primera entrada en la costa del norte, porque aquí se estrecha la entrada, y pasa el canal á tiro de fusil de dicha punta: ni podrán los navios batir la fortaleza construida en este sitio, porque en bajando la marea, se quedarian encallados, pues toda la ensenada, fuera de la punta, se queda en bajamar con poca agua, y aun en el canal estrecho apenas llega á tres brazas. Piedra no falta, y casi toda parece ser de ostriones convertidos en piedra, de la cual se puede hacer buena cal. Tambien al sur del puerto se halla en los cerros espejuelos para hacer yeso. Hay en este puerto abundancia de pescado, semejante al bacallao: hay aves marítimas, como gaviotas, pájaroniño, patos, &a., y en tierra se hallan avestruces, guanacos, vicuñas, quirquinchos y zorrillos. El temple es seco, y en invierno no hace mucho frio. Hay cuatro ó cinco lagunas de sal; pero la mas cercana dista de la mar casi una legua.—Al cabo pues de 21 dias de diligencias, para averiguar todo lo dicho, salieron nuestros navegantes de esta bahia de San Julian á 1 de Marzo viniendo en demanda del rio de los Camarones, siempre cerca de la costa.

Vinieron sin ver cosa especial, hasta que el jueves 10 de Marzo se les levantó mucho mar en la altura de una ensenada, que hay al sur del cabo da las Matas, en 45 grados de latitud. En frente de dicho cabo hay dos islas, la mayor á una legua del continente, y la menor, que es muy baja, dista de la tierra 4 leguas, y están una con otra sud-este nor-oeste. Hay otras cuatro islas; la una grande á la punta del sur, y tres pequeñas dentro de la bahia del mismo cabo, al cual no conviene el nombre de las Matas, pues la tierra es toda árida y sin tener matas algunas. Las aguas corren aquí con mucha fuerza al sur y al norte, siguiendo el órden de las mareas, y la tierra del cabo es medianamente alta, con algunos mogotes. Entre dos puntas de este cabo de Matas hay una ensenada, en que entraron el viernes 11 para registrarla; dando fondo en medio de ella en 30 brazas arena negra, á legua y media ó dos leguas de la tierra. A medio dia saltaron en tierra el Padre Quiroga, el piloto mayor, y el alferez D. Salvador Martin del Olmo, y reconocieron, que en lo interior de esta ensenada que forman las puntas de este cabo, hay una buena bahia, con mucho fondo hasta cerca de tierra; de suerte que á tiro de fúsil se hallan 7 ú 8 brazas de fondo de arenilla y cascajo en marea baja. Llámaronla bahia de San Gregorio, y está abrigada de todos vientos, á excepcion de los nord-este; este, que aquí no suelen ser malignos.

Subieron los tres á los mas altos cerros, para descubrir desde allí á la banda del norte la bahia de los Camarones; y habiéndola descubierto con una que hay en ella, registraron así mismo otra caleta á la banda del sur del cabo; y notado todo, se volvieron á la lancha, á las 6 de la tarde, bien cansados de haber andado tres leguas sin haber hallado agua, ni leña, ni otra cosa alguna que piedras, que la hacen inhabitable aun de los brutos. Sábado 12, dieron fondo al anochecer dentro de la bahia de los Camarones en 25 brazas de fondo, arena menuda, á legua y media de tierra. Es esta bahia muy grande, por lo cual en el medio es muy desabrigada; mas en la banda del sur, cerca de tierra, pueden las naves abrigarse de los vientos sud-oeste, sur, sud-este, aunque en tal caso estarán expuestas á los nortes, y nord-estes, de los cuales se pudieran defender en la banda del norte, quedando expuestas á los demas vientos. En medio de la bahia hay una isla, que tendra una legua de largo, y en la punta de éste hace una restinga de bajos é islotes: dista del continente casi una legua, y está toda cubierta de aves y de lobos marinos, que andan por la bahia en gran número. Pusiéronla por nombre la Isla de San Joseph. Observado el sol en medio de esta bahia, se halló estar en la altura de 44 grados y 32 minutos de latitud, y en 313 grados, y 36 minutos de longitud.

Saltaron en tierra el domingo 13, á las 8 de la mañana, el Padre Matias Strobl, el alferez D. Salvador Martin del Olmo, y seis soldados, á registrar el terreno, y ver si habia indios en esta costa. Volvieron al anochecer, sin mas noticia que haber hallado toda la tierra llena de peñascos y espinas, en cuatro leguas que caminaron, y de las espinas traian los soldados lastimadas las piernas, por ser muy agudas. Encontraron uno que parecia rio, por cuyas orillas subieron, y á cosa de una legua ya no habia mas que señales de que por allí corria hasta aquella entrada del mar algun arroyo de agua en tiempo de lluvias, ó al derretirse las nieves, aunque entonces estaba totalmente seco, por lo cual se reconoce ser fabuloso el rio que en esta bahia pintan algunos en sus cartas, ni se halla agua dulce, ni leña, ni árbol alguno. No hallaron rastro alguno de indios, ni es posible que habiten en esta costa, en donde todo es seco y árido, sin que se pueda hallar gota de agua. Habia en la bahia muchos camarones, que no se habian hallado en otra parte, sino allí y en la bahia de San Julian.

Al anochecer, el lúnes 14, salieron con nord-este de la bahia de los Camarones, en demanda del rio del Sauce.

El martes 15 se pusieron nord-sur con el cabo de Santa Elena, que está á la banda del norte de la bahia de los Camarones, en 44 grados y 30 minutos de latitud: la tierra de él es por la mayor parte baja, solamente se ven algunos mogotes que sobresalen algo, y al que viniere de lejos parecerán islas.