—El gran problema.
—¿Y se titula?
—Se titula: Ganarás el pan...
XIV
—Vengo con una misión delicada —dijo Pedrosa sentándose en un taburete—, una misión de diplomático.
—¿De diplomático?
—Tú mismo juzgarás: he visto a tu tía; la pobre está muy disgustada y muy preocupada; muy disgustada porque no vas a verla; muy preocupada, porque no sabe cuál es tu situación.
—Bueno, pues dile a mi tía que no se disguste, que uno de estos días iré a verla, con muchísimo gusto; y por lo que se refiere a mi situación, no creo que tenga por qué ni para qué preocuparse de ella.
—Mira, Luis; yo no sé qué resentimientos pueden existir entre tu tía y tú; no lo sé ni me importa, ni quiero saberlo; pero soy amigo de ambos, os quiero a los dos y me considero en el deber de hacer cuanto esté de mi parte para que esos disgustos se suavicen.
—Te equivocas; yo no he tenido ningún disgusto con mi tía; me he marchado de su casa sencillamente porque no me parecía correcto seguir viviendo con ella después de haberse quedado viuda.