—No puedes figurarte, chiquilla, qué alegría más grande me da verte.

—Y a mí también; de veras.

—¿En qué dirás tú que iba pensando ahora?

—¡Qué sé yo!

—Pues verás, iba pensando: si me encontrara a mi Isabelilla, me la llevaba a los Viveros.

—¡Mentira!

—¿Mentira? Allí viene un coche. ¿Le llamo?

—Más vivo.

—Bendita seas. Para, cochero: sube. La una menos cuarto. Arrea a La Bombilla. ¿Ves tú? Así se hacen las cosas. Dentro de media hora en los Viveros.

—¿De modo que estás en fondos?