—¡Embustera!
—Ya sabes tú que sí. Tú eres el que no quiere nada conmigo. En tres meses no has sido para decir un día: voy a ver a mi Isabelilla. Sabiendo que Isabelilla te lo hubiera agradecido con toíta su alma.
—Pero, so pendón; si la última vez que estuve en tu casa, no me quisiste recibir.
—Porque estaba achará aquel día. Me dijeron que te habían visto cenando con unas mujeres.
—No es verdad; pero aunque lo fuera, ¿a ti qué?
—Que no me da la gana, ¡ea!
—¡Qué gracioso! Como si tuviera yo que ver algo contigo.
—Porque tú no quieres.
—¡Isabelilla, Isabelilla!..., no me des coba.
—No es coba, es que te quiero.