—¿Dónde se habrá metido? Es capaz de haberse marchado —pensaba.

Por fin le divisó arriba, en el palco, al lado de Perico.

—¡Eh! ¡Luis! ¡Castro!

—¡Subeee!

—¿Qué número es?

—Siete, principal.

—¿Tenéis vino?

—Sí.

De pronto, una máscara que detrás de él se había colocado sin que lo advirtiese, le dio con la enguantada mano dos golpecitos en el hombro al propio tiempo que le decía burlonamente:

—¿Tú aquí, Manolito? ¿Desde cuándo te deja mamá salir solo de casa?