—¿Te atreves?
—Esta noche me atrevo yo a todo —exclamó envolviéndole amorosa en la mirada de sus ojos azules abrillantados ya por el deseo y por el vino—. ¡Cuánto te voy a querer esta noche, Luisillo mío!
—Y yo.
—Tú... no... —continuó mimosa y zalamera—, tú no me quieres. ¡Ah, si tú me quisieras...! Pero ¿no pides otra botella? Mozo, más manzanilla.
—Y unas aceitunas aliñadas.
—Eso de las aceitunas me ha parecido muy bien —dijo ella torpemente, balbuceando ya.
—Isabelilla, estás borracha.
—¿Yo borracha? ¡Mentira! A mí la manzanilla no me emborracha; quien me emborracha eres tú, tú..., tú..., ¿me anticipas un beso?
—Todos los que tú quieras.
—Pues dámele y toma; uno, dos, tres...