—Quita, que nos ve el mozo.
—No importa; al mozo le convido yo ahora y se queda tan contento..., verás... Joven, tome usted una copita —exclamó llenando su propio vaso y ofreciéndoselo al camarero.
Este miró a Luis y vaciló.
—Tómelo usted, hombre; ¿me va usted a despreciar?
El camarero aceptó el vaso y lo apuró de un sorbo. Después cogió la botella de agua y lo limpió cuidadosamente.
—¿Qué hace usted?
—Enjuagarlo, señorita, no faltaba más. Es el vaso de usted.
—La cuenta.
El mozo se marchó y regresó en seguida con ella en un plato.
—Aquí está, catorce pesetas con veinte, incluyendo lo que ha tomado el cochero: un entrecot y media de vino.