—Veo que te cuidas.

—No hay más remedio, chiquillo. Si no me cuido yo, ¿quién me va a cuidar? ¿Pero no bebes vino? Te advierto que es bueno: manzanilla; me la paga ese; yo no puedo beber vinos negros.

—Yo tampoco. Digo lo que Bermúdez en Madrid se divierte:

No hay en el mundo nada chiquilla,

que me produzca tanta ilusión

como unas cañas de manzanilla,

y unas rajitas de salchichón;

pan, pin, pan, pon.

—Pues, anda, bebe.

—No tengo ganas de vino.