—Ah, vamos, y hoy te pedía el cuerpo alegría, y has venido al baile. No está mal.

—¡Valiente cosa te importa a ti lo que yo haga!

—No, hija, me tiene completamente sin cuidado.

—Gracias. Pues, mira: ¿sabes a qué he venido esta noche? A verte. Sabía que estarías aquí.

—Ya es saber, porque hace dos horas no lo sabía yo.

—Pues ya ves si he acertado.

—Como que tú eres muy lista.

—A mí tus guasas... Necesito hablar contigo. Tengo muchísimas cosas que decirte.

—Y que yo escucharía con muchísimo gusto si me fuera posible, pero no puede ser. Me están esperando en aquel palco.

—Déjalos que esperen; otras veces he esperado yo.