—Es bonito ese paisaje, mira.
—No tiene nada de bonito; lo que pasa es que como rompe la monotonía, la vista lo agradece.
Por fin llegaron al cementerio.
Al entrar en la sombría capilla, Boncamí no pudo dominar un grito de contento:
—¡Gracias a Dios, hombre, gracias a Dios que respiramos!
XXVI
Pancho, ¡qué borracho estás!
¡cuánto aguardiente has bebío!
Tú no vienes al bohío
más que a bebé y a...