Tosió dos o tres veces, púsose en jarras, arqueó el cuerpo, y entornando los ojos, comenzó a cantar con voz dulce y tono quejumbroso:
Pancho, ¡qué borracho estás!
¡cuánto aguardiente has bebío!
Tú no vienes al bohío
más que a bebé y a fumá.
Si no quieres trabajá...
El rodar de dos coches de la Peña sobre el húmedo piso del merendero la interrumpió.
—Ya empieza a venir gente.
—Anda, Manolo, vamos a ver quiénes son.
Los carruajes se habían detenido y de ellos se apearon tres mujeres y cuatro hombres; ellas muy vaporosas, con sus vestidos de verano; muy ligeros ellos con sus zapatos de lona y su sombrerito de paja.