—¡No faltaba otra cosa!

—¿Qué le parece esto?

—¡Magnífico, Paco, magnífico!

—Oh, no, una cosa modesta, lo que se ha podido, nada más.

—¡No, Paco, no! Está muy bien. Es el mejor merendero de La Bombilla.

Todos asintieron. Sí, indudablemente, el mejor merendero. Vas a hacer dinero, Paco.

Él lo creía también. Es decir, contando con que los amigos no le abandonarían. Si se había decidido a emprender este negocio, era contando con que sus antiguos parroquianos le ayudarían concurriendo a menudo.

—¡Oh, sí, ya lo creo!

—¡Qué duda cabe!

—¡Si esto es muy bonito!