—Para el Español: la entregué precisamente ayer.

—Eso es bueno, eso es bueno. Ahí es donde está el dinero. Supongo que me avisará cuando comiencen los ensayos.

Un joven extraordinariamente pálido se acercó a ellos.

—¿Qué hay de esa proposición incidental?

Los dos periodistas le miraron sorprendidos.

—¡Cómo! ¿No lo saben ustedes? ¡Pues ahí es nada! ¡Friolera! —y sentándose a su lado, les puso al corriente—. Le han descubierto a Sánchez Cortina un... —iba a decir un chanchullo, pero al recordar que Luis era redactor de su periódico, cambió la palabra por otra más suave— un grave error en un expediente sobre concesión de cierto ferrocarril de vía estrecha. Parece que se ha prescindido de algunos trámites necesarios, que se ha resuelto en contra de informes técnicos. Varios diputados han examinado el expediente, y, en efecto, parece que la cosa no está muy clara, tan poco clara, que esta tarde se presentará, como decía a ustedes, una proposición incidental pidiendo que se depuren los hechos.

—¡Bah, eso no tiene importancia! —dijo Luis sonriendo—; Cortina es hombre que sabe defenderse.

—Como que es un tío muy listo —agregó el barbilampiño.

—No hay listeza que valga ante la gravedad de las cosas. Porque aquí lo verdaderamente grave es que muchos ministeriales han asegurado que votarán la proposición.

—En efecto, eso ya es más grave.