—¡Toma! Como que no le queda más remedio que irse.

—¿Usted cree?

—Y todo el mundo, querido; la crisis es inevitable.

Y se marchó ufano, contentísimo por haber podido comunicar noticia de tan transcendental importancia.

El joven barbilampiño se marchó también escapado.

—¡Caramba, las cuatro y media! Estarán ya discutiendo presupuestos.

Luis se levantó igualmente para ir en busca de impresiones. En la puerta del buffet tropezó de nuevo con el joven pálido.

—Sí, amigo mío; la crisis se planteará probablemente esta misma tarde. Yo, la verdad, lo siento por usted, porque según tengo entendido, Sánchez Cortina no ha cumplido su palabra.

—Cortina está siempre cumplido conmigo.

—No sea usted tonto, los amigos son para hacer favores; de lo contrario, pueden irse a paseo. Lo que debe usted hacer es pedirle esta misma tarde una credencial; que la firme en el testamento; eso es, en el testamento.