—He venido a buscar a una persona para tratar de un asunto que me interesa, ¿sabe usted?, de un asunto importante.
Se comprendía claramente que aquel hombre mentía. Pero ¿por qué? ¿Qué interés podía tener en mentir de este modo? Y se le quedó mirando de hito en hito, tratando de adivinar sus pensamientos.
Mínguez, por su parte, esquivó la mirada ocultándose en la sombra que proyectaban los rojos cortinones, cerrando cuanto le era dable los embozos de su capa raída. Luis no le perdía de vista.
—¿Qué, trabaja usted mucho?
—Bastante.
—¿En el periódico?
—Sí, siempre en el periódico.
—¿Cuántos son ustedes?
—Ahora solo dos, el director y yo. Los demás compañeros están en la cárcel.
—¿Todavía?