Le dio un fuerte apretón de manos y se marchó por la calle del Florín limpiándose los ojos. Ni el portero ni los guardias, entretenidos con la linda doncella, se fijaron en él.

Luis permaneció todavía unos instantes en el pasillo. Las piernas le flaqueaban; un sudor frío inundaba todo su cuerpo. Cuando se hubo tranquilizado un poco se dirigió a la puerta de entrada del salón y preguntó a uno de los ujieres:

—¿Han leído ya la proposición incidental?

—Todavía no, señor Gener; están aún con presupuestos.

El joven escribió rápidamente una tarjeta y se la dio al ujier, diciéndole:

—Hágame usted el favor de pasar esto en seguida al señor ministro de Agricultura.

La tarjeta decía: «Deje usted todo lo que tenga y salga. Se trata de un asunto grave y urgente». Y esperó.

Sánchez Cortina salió en seguida.

—¿Qué es eso? ¿Qué quiere usted? —preguntó malhumorado.

En dos palabras Luis le puso al corriente de lo sucedido.