Hubo un rato de frío silencio. Lúgubres ideas se apoderaban de ellos.
—Se necesita tener mala sombra; ahora que todo empezaba a arreglarse.
—De modo que decididamente eso se estrena...
—Mañana. Y, según todas las noticias, va a ser un exitazo.
—Y él sin saber nada.
—Yo se lo diría, pero el médico no quiere; dice que la menor emoción podría perjudicarle.
—Oh, sí, sí; no se le puede decir nada. Figúrese usted que, contra lo que creemos, la obra resulta un fracaso. Lo que yo no acabo de explicarme es esa precipitación de última hora, después de haberla tenido dos meses sin leerla.
—Ah, pues eso es muy sencillo, querido. Todos los estrenos han sido hasta ahora fiascos. La Empresa se ha encontrado de pronto con que no disponía de obras; no tenía más remedio que darle al público algo que le entretuviera unos días, algo que distrajera su atención mientras los caballeros de casa concluyen lo que han ofrecido; una obra cualquiera con que llenar el cartel una semana, el tiempo preciso para que don José termine la suya, la obra de la temporada según dicen, un drama colosal.
—De modo que la comedia de Luis es...
—Un bocadillo para entretener el hambre de la fiera, nada más.