—¡Tendría gracia que el bocadillo se convirtiera en el plato del día!

—Todo es posible.

La entrada de Castro les confirmó en sus suposiciones.

—Vengo del Español de ver el ensayo. ¡Chiquillos, qué obra! ¡Pistonuda! Va a ser un exitazo loco. Está todo el mundo entusiasmado. ¡Y este hombre sin poder ir! Por supuesto, que como yo vea mañana la cosa clara, vengo aquí y me lo llevo al estreno aunque sea en una camilla.

—¡Ca, hombre, no puede ser! Sería una emoción demasiado fuerte. Ya sabes lo que ha dicho el médico.

—¿Qué saben los médicos? Los médicos son unos animales.

Pero Isabelilla le interrumpió:

—Luis os llama.

Entraron a verle.

En la tibia oscuridad de la alcoba, sobre la blancura mate de las almohadas, su palidez parecía mayor. Sus grandes ojos negros miraban pensativos.