—¿De qué hablabais? —preguntó con débil acento.
—¿De qué hablábamos?, pues verás, hablábamos..., hablábamos de nuestra obra, eso es, de nuestra obra, que se va a estrenar pronto, muy pronto.
—Ah, sí...
—Dentro de ocho días a lo sumo.
Luis dio un gran suspiro.
—¡Ah, vosotros tenéis más fortuna que yo; yo no veré la mía!
—¡Bah! ¿por qué no?
—No, no la veré; estoy seguro de que no la veré.
—Pues mira tú lo que son las cosas —exclamó Castro resueltamente—. Esta tarde he estado yo en el Español (Boncamí le tiró de la americana) y me han dicho que la van a ensayar en seguida.
La mirada de Luis animose un momento.