—¿Por qué no? También se publican en todos los periódicos.
—Aunque así sea, Pedrosa es un imbécil.
—Y Ruiz, otro.
—Hombre, no; los dibujos siquiera están bien hechos.
—Y los versos están bien rimados.
—Pero son huecos.
—Esa es la palabra, sí, señor, huecos, completamente huecos, como la música de Cañete, como los artículos de Castro, como los discursos de Sánchez Cortina. Paco, tráeme café.
El individuo de las cuartillas había terminado su trabajo. Metió los papeles en el bolsillo y se puso a mover tranquilamente con la cucharilla el agua de la copa. Al levantar los ojos vio a Boncamí y le saludó afectuosamente.
—¡Hombre! ¿conoce usted a ese?
—Mucho; es Federico Mínguez.