—Me ha dicho Boncamí que estás aquí y vengo a saludarte.

—Ya iba siendo hora. Dichosos los ojos, hombre.

—Estoy allí arriba, en un palco, con Petrita, ya sabes, aquella muchacha del Real.

—Sí, ya sé.

—La he traído a que viera esto, porque como todos creíamos que hoy era el ensayo general...

—Pero, Manolo, ¿te atreves a traer mujeres a estos sitios?

—¿Por qué? ¿Qué tiene eso de particular? No la ve nadie; pero aunque la vieran, ¿qué? Es una muchacha que puede presentarse en cualquier lado. Te advierto que no es la máscara que tú conociste; con el traje de calle está desconocida; tiene un aspecto de mujer honrada, que da un chasco a cualquiera.

—De todos modos, Manolo, de todos modos, no está bien.

—¡Qué hipócritas sois!

—No es hipocresía, Manolo; es corrección.