Luis protestó.
—Es falso. Yo no me he formalizado jamás con Isabelilla. La conozco, la trato, me gusta, pero nada más. Soy únicamente un amigo suyo, como tú, como este, como aquel, como lo pueda ser cualquiera.
—No mientas; tú has estado loco por esa mujer.
—Cuando yo tenía dinero, ¿por qué negarlo?, me ha gustado mucho convidarla a cenar y llevármela a un baile y marcharme con ella de juerga. Pero nada fijo, ¿eh?, nada de ataduras ni compromisos; yo por mi camino y ella por el suyo.
—Pues mira tú lo que son las cosas; a mí me habían dicho...
—A ti te habrán dicho lo que quieras; pero la verdad es lo que digo yo.
Calló bruscamente. Manolo comprendió que no debía insistir y cambió de conversación.
—¿Quieres subir a saludar a Petrita? Tengo muchas ganas de que la conozcas, para que me des tu opinión. Anda, sube.
—Hombre, el caso es que estoy aguardando a Boncamí.
—¿A Boncamí? No le esperes. En mi presencia se ha citado con Castro para ir juntos no sé adónde. Por cierto que al preguntarle por ti, me ha dado un sablazo de tres duros, los únicos que llevaba encima.