—Sí, no tosiendo... Lo que me fatiga es la tos... Si no fuera por ella, mañana me podría ya levantar, no me duele nada, no tengo fiebre; mira —extendió su mano húmeda buscando la de Luis y prosiguió—: ¿ves cómo no tengo fiebre?

Era falso; tenía fiebre y mucha; su piel abrasaba; el pulso en la muñeca latía apresurado.

—Siento la cabeza algo pesada; pero esto es de la misma debilidad. Estoy muy débil, muy débil, y la culpa la tenéis vosotros, que no queréis que me levante. No sabéis lo que debilita la cama. Mañana me levanto, sí, me levanto, queráis o no queráis.

Luego, temiendo que si seguía hablando le acometiera otro acceso de tos, calló y cerró los ojos.

Viéndole tan tranquilo y queriendo evitar, por otra parte, explicaciones con María, Luis se marchó a su cuarto y se acostó. Cuando se levantó (cerca del mediodía), el enfermo había recaído mucho. Su voluntad, no obstante, continuaba luchando con heroica tenacidad por ahuyentar la idea de la muerte, resistiéndose a ella, queriendo a todo trance conservar la miserable vida. Empeñábase en que Núñez se había equivocado y pedía a gritos que le trajeran un médico de fama, un especialista, recordando curas maravillosas realizadas en amigos suyos. Después habló de sus proyectos para cuando se restableciera.

—Nos mudaremos —decía— a un cuarto bajo; tomaré un abono de berlina, y los días que estén buenos, Rafael (el ordenanza del Tribunal de Cuentas) y tú me subiréis en el coche y me iré a dar un paseo por la Moncloa.

Después, conforme la tarde fue cayendo, sus energías decayeron también. Cesó de hablar. Sus ojos se cerraron. Únicamente sus dedos crispados seguían golpeando y arañando el embozo con constante y nervioso movimiento. A eso de las seis llamó a su sobrino; le obligó a reclinarse sobre él, y cuando le tuvo cerca de su rostro, muy cerca, le preguntó en voz baja:

—Oye, ¿tú crees que me voy a morir?

Luis se estremeció. Todo el día había estado esperando esta frase, y ahora que la frase llegaba, no sabía qué contestar.

—¿Por qué me dices eso? —preguntó a su vez, confuso y aturdido.