—Sí, es verdad, un poco violento resulta; pero ¡qué caramba!, la dignidad es una cosa relativa; no creo que vaya usted a tener dignidad con una mujer de esa clase.

Luis se resistía.

—La verdad, Boncamí, no me atrevo, no me parece decoroso.

—Déjese usted de tonterías. Ante el problema del estómago, no hay decoro que valga. Veinte duros en las circunstancias actuales, son nuestra salvación. Piénselo usted bien.

Luego, viendo que Luis, indeciso, callaba, agregó:

—¿Dónde vive esa mujer?

—¿Para qué quiere usted saberlo?

—Eso es cuenta mía. Usted limítese a contestar a mi pregunta: ¿dónde vive esa mujer?

Luis le dio las señas. Boncamí cogió el abrigo y el sombrero y se marchó.

Media hora después, regresaba con el rostro radiante de satisfacción y de alegría.